fuck them

lunes, 27 de septiembre de 2010

Cap.8 - ¿Por qué a mí?

Su cuerpo perfectamente hermoso. Parecía una estatua, que había sido tallada hacía años por un escultor bastante dotado. Tenía los músculos del estómago magníficamente marcados, y su piel brillaba a la ténue luz del sol. Era algo realmente radiante y extraordinario.
-¡Guau!- exclamé-. ¿Sos... sos vos Luke?
Abrí los ojos de par en par, como dos enormes platos.
La pícara sonrisa que se avecinaba por mi rostro, era incomparable. Sentía que los ojos me brillaban a la luz del sol, y me avergonzé un poco por mis tontas palabras.
-Sí, soy yo- dijo con una gran sonrisa.
Yo me quedé mirandolo todo el tiempo que pude con una gran sonrisa en mi rostro, sin dejar de observarlo de pies a cabeza. Me asombraba demasiado su hermosa figura humana, que relucía como unos perfectos diamantes a la luz.
-¿Por qué... me mirás así?- preguntó algo avergonzado.
-Precioso- murmuré.
Estaba en una especie de trance, cuando me di cuenta de lo que había dicho me avergonzé demasiado. Era una tonta por haberle dicho algo así, era cursi y tonto.
-Perdón- susurré-. Es que yo... es que tu...
Bajé la cabeza en forma tímida. Él se acercó a mi, y tomó mi rostro entre sus magníficas manos ágiles.
-Te pongo nerviosa- murmuró con una semisonrisa pícara y alentadora.
Yo le miré frunciendo el ceño. Me deshice de sus tiernas manos y me heché hacia atrás dejandolo lejos mío.
-¡Eso no es cierto!- me quejé.
-Entonces... ¿qué me ibas a decir antes?
-Porque vos... sos injustamente hermoso y perfecto.
-¿Injustamente?
Me crucé de brazos, como cuando una niña pequeña se enoja con sus padres por no haberles comprado su jugete favorito.
-Sí, sos perfecto y yo... bueno, me encanta... pero...
-¿Celosa?
-Para nada.
-Genial.
Me tomó la mano y me condujo hacia la helada agua que se extendía delante nuestro. No hacía mucho frío, pero sí podía sentir los fuertes brazos de Luke enroscados en mi cintura. Me aparté de él y decidí quitarme la camisa que tenía puesta, debajo tenía puesto un top negro que curiosamente Alex me había recomendado usar. Finalmente quedé con el top y unos shorts negros.
-Preciosa- me susurró al oído.
No le contesté nada, sabiendo que si lo hacía no tenía cuando acabar por tener que discutirle sobre mi no-belleza (según yo).
Me tomó nuevamente de la cintura, muy delicadamente. Con cierta humillación me voltee para verle el rostro y enrosqué mis brazos a su cuello. Nos quedamos así durante un buen tiempo; ninguno de los dos quería separarse del otro. Era un sentimiento de lo más gratificante, me sentía totalmente a gusto con él a mi lado.
No tenía ningún motivo por el cual debería separarme de él, o alejarme. Me resultaba totalmente insoportable e inquietante. No poder saber qué era lo que sucedía, o dónde se encontraba me inquietaba bastante; era algo extraño. Nos conocíamos hacía muy poco tiempo y nuestros lazos amorosos eran impenetrables y enormes. Me sorprendía la facilidad que tenía para preocuparme por él. Aunque quería negarlo, era imposible su amor insesante me tenía universalmente atrapada como en un profundo hechizo inquebrantable. Me tenía atrapada en su corazón.



Habían pasado ya dos días desde aquella pelea entre los hermanos Edmund. No me había atrevido a preguntarle a Luke cómo se encontraba su hermano, pero aún así decidí ir a hablarle a Adam, solamente por pura curiosidad.
Eran las diez de la noche, hora en la que no hay nadie afuera en los pasillos del campamento. Todos estaban en sus cabañas, o cazando en parejas. Luke se había ido de caza hacía unas cuantas horas junto a otro compañero más, yo le había dicho que me encontraba bastante estable, que prefería quedarme en la cabaña.
Con la mente incondicionalmente enfocada en otra cosa, salí de la cabaña y me dirigí hacia la de los hermanos Edmund. No había nadie por los corredores de pasto seco. Subí los pequeños escalones de la cabaña y toqué la puerta.
-¿Y ahora qué mierda...?- gritó, pero luego al verme el rostro se retrajo-. Sam, ¿qué haces acá? Luke se ha ido de caza...
-Ya sé, he venido a hablar con vos. ¿Puedo?
Me hizo un gesto para que entrara en la cabaña y luego me invitó a sentarme sobre un mullido sofá negro.
-¿Qué sucede?- preguntó ansioso.
-No lo sé, por qué no me lo decis vos- dije en tono irónico.
Él se quedó mudo, a la espera de que agregara algo más pero yo esperaba lo mismo. Frunció el ceño y luego contestó:
-No tengo ni idea, sinceramente...
-Quiero saber qué fue lo que ocurrió el otro día.
El silencio sucumbió la habitación y yo comencé a ponerme algo inquieta.
-Celos- susurró.
-¿De Luke?
-Exacto.
-¿Por mí?
-Es obvio- sus ojos azules me distraían.
-¿Por qué?
Estúpido muchacho dueño de unos flamantes ojos azules, pensé. No era posible que alguien como Adam me pusiera nerviosa, incluso luego de saber todo por lo que había pasado durante sus primeros años de vida vampírica. Aunque sabía que había cambiado un poco su forma de alimentación, me asusté un poco. Sus ojos era intensos e intimidantes.
-Porque no pude soportar el hecho de que James, mi propio padre, eligiera a alguien tan torpe como Luke para ir en busca de la elegida. Y que encima ella se fije más en él, que en alguien como yo...
-Que injusto y egoísta que sos- inquirí-. Al menos sé que no pensas como todos en el campamento.
-No, porque creo que estarías mejor conmigo.
-Embustero- rezongué.
-Egoísta- me atacó.
-¿Egoísta yo?- murmuré con una sonrisa sarcástica-. ¿Y usted señor?
Se acercó a mi, y se sentó a mi lado. Me tomó de la mano y comenzó a acariciármela tiernamente.
-Yo creo señorita, que usted no se merce sufrir por mi hermano...
-No sufro- le aseguré.
-¿Quién es la embustera ahora?
Puse cara de pocos amigos, y desvié mi mirada. Su tonto egoísmo y creencia de su propio ser, era demasiada para mi gusto. Era arrogante y se creía dueño del mundo mismo, algo que me disgustaba mucho.
-Admitilo, Sam- susurró, pero yo seguía mirando hacia otro lado, ingonárndole. Pero aún así continuó-: sabes que hay algo especial entre nosotros...
-No es cierto- inquirí.
-Ah no, eso sí que lo sabes muy bien...- se acercó aún más a mí.
-No es cierto- repliqué.
-Si... y es hora de que te lo demuestre.
Acercó su rostro todavía más. Estabamos a tan solo unos diez centímetros de distancia. Lo que me ponía algo nerviosa. Tomó mi rostro entre sus manos brutalmente y me besó con sus gélidos y helados labios color rojo. Sus labios eran húmedos y rocosos. Me aparté rápidamente de él con un fuerte tirón de mi brazo, lo que hizo que se me doblara lo suficiente como para quebrarmelo.
De pronto la puerta de la cabaña de abrió fuertemente, impulsada por una brutal y extremada fuerza. Era Luke
-¡Si llegás a tocarla una vez más...!- chilló.
-¡¿Qué?!- lo desafió Adam-. ¿Qué vas a hacer? ¿Matarme?
Luke no le hizo caso y me tomó del hombro dirigiéndome hacia afuera de la cabaña con unos suaves movimientos.
-Idiota- susurró Luke.
-¡Sabes que es verdad Samantha!- gritó con todas sus fuerzas Adam desde la puerta.
Luke hizo que no lo oía, igual que yo también lo hice. La cabeza me daba vuelta, lo que había sucedido era algo inesperado y muy precipitado. Por mi culpa podrían haber iniciado otra pelea más, y podría haber acabado de la peor manera; me había comportado de manera eogísta.
-Lo siento mucho, Luke...- comencé jadeante-, fue mi culpa, yo decidí ir a hablarle y no creí...
Él seguía sin mirarme. Parecía demasiado enfadado como para dirigirme la palabra, o eso creía yo.
Llegamos a la puerta de la cabaña y me tomó entre sus brazos. Me miró detenidamente, comprobando que me encontraba a salvo y correctamente; se dio cuenta de que me había quebrado el hombro.
-Lo siento- me susurró al óido-. Te lo arreglaré
Entonces tomó mi brazo derecho, el cual lo tenía torcido, y me lo giró con una fuerza intensa hacia el otro lado. Un sonido hueco, como cuando se rompe el tronco de un árbol, irrumpió aquel silencio que cruzaba entre nosotros.
-Ay- me quejé innecesariamente.
Con un gesto vano, me toqué el brazo y pude comprobar que mis huesos se hallaban en perfecto estado. No me atreví a mirarme, temerosa de que pudiera espantarme, por lo que fijé mi mirada en los enormes ojos grises de Luke. Estaba totalmente desconcertado por lo que había sucedido, y se le notaba la culpabilidad en el rostro.
-Fui yo- traté de calmarlo con una suave caricia en sus mejillas.
-No fue tu culpa, es él.
Me enrosqué entre sus brazos y le besé tiernamente los labios con sumo cuidado en vano.
-Te amo- susurré.
-Yo más que a mi propia vida.

1 comentario:

  1. no pueden ser mas lindos Sam y Luke...
    ese Adam que se cree... pobre Sam con el brazo!!
    quiero mas cap!
    quiero mas cap!

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