Cap. 6 - Un escudo protector.
No tuvimos que correr mucho hasta llegar. Supe que habíamos llegado porque Alex se frenó justo delante de los escalones que se hallaban delante nuestro. La cabaña era muy peculiar. No era como las demás, tenía un pequeño toque morboso y masoquista que no me agradaba nada.
En el lado este de la propiedad, hay un pequeño arbusto seco con todas sus hojas amarillentas sobre el suelo. La casa es de madera, al igual que todas las que habían allí, pero ésta tenía una pequeña chimenea decorada con piedras claras al rededor de ella. Contaba con dos pequeñas ventanas al frente de la casa, con cortinas color negro o azul oscuro.
Cuando entramos no se distinguían más que sombras. Al acostumbrarse la pupila, se iba viendo en el suelo, poco a poco. De pronto una luz cegadora nos alumbró de pies a cabeza. Cerré los ojos instintivamente al igual que Alex. Nos plantamos allí hasta que la luz comenzó a desender de a poco.
-¿En qué los puedo ayudar?- sonó una voz ronca al fondo de la cabaña.
-Necesito...- comenzó Alex-. Necesito que examines a alguien, y necesito hacerte unas cuantas preguntas.
La muchacha que había hablado, estaba esperando a ver qué era lo que hacía. Si iría con Alex o nos hecharía a patadas de la cabaña.
De pronto entre la penumbra, apareció una mujer de rostro muy jovial y apariencia extraña. Tenía pinta de ser muy antigua en cuanto a su vestimenta, pero sus ojos color negro brillaban con tal viveza que era imposible creer que era una mujer anciana.
Tenía el rostro perfectamente fino, parecía tallado por un escultor de años anteriores. Su pelo parecía de oro, era rubia como las muñecas que aparecían en las propagandas de la televisión. Sus ojos eran negros como la pez, eran profundos e intimidantes. Su nariz era fina, aunque algo puntiaguda y sus labios carnosos eran de un color pálido. Tenía unas mejillas duras, y unas orejas pequeñas. Tenía un aspecto muy meticuloso y ligero. Su vestimenta era pobre, desgastada. Llevaba unos jeans y una camisa de color blanca con unos cuantos agujeros y remiendos a los costados.
-Bienvenida- la saludó a Alex-. Y... hola, Sam.
Era de carácter generoso, pero algo descuidado y muy salvaje.
-Hola...
-Me llamo Selene- dijo con una sonrisa.
Entre sus labios lucía una hilera de perlas. Sus dientes eran realmente alineanos, extramadamente blancos y perfectos.
-¿Selene?- pregunté-. No es la diosa...
-... la diosa de la Luna- me interrumpió ella.
Yo me quedé helada. ¿Por qué habría de llamarse así? Después de todo, en la lengua española o inglesa hay millones de nombres. Alguna relación tenía que tener ella con... la Luna o la diosa.
-Lindo nombre- murmuré.
-¿Deseas saber por qué llevo ese nombre, no es cierto?- inquirió con una amplia sonrisa.
Yo me encogí de hombros, con cierta verguenza.
-Sí, claro- susurré.
-Bueno, lo cierto es que tengo ese nombre por una razón en particular. Yo soy muy diferente a cualquiera de ustedes aquí en el campamento, no soy una mujer vampiro ni nada chupasangre. Todo lo contrario, soy... una mujer lobo- me reveló-. Sí, es algo extraño de creer ¿no?
Yo le quedé mirando algo atontada, sumida en mis propios pensamientos. Pero luego volví en si, y le contesté:
-Bueno... después de todo lo que vengo escuchando y pasando, creo que una mujer lobo no debería sorprenderme- me reí avergonzada-. Perdón. Es que me resulta de lo más facinante saberlo
-¿En serio?- abrió los ojos de par en par.
-Sí- afirmé conforme-. Solo he oído historias de hombres lobo en cuentos fantásticos, o películas y... bueno, disculpame, pero estar en frente de uno es genial.
Ella se sorprendió tanto como Alex, que estaba inmóvil a mi lado. Las dos mujeres se sentaron una en cada silla, y yo en otra más al lado de Alex.
-¡Vaya niña!- exclamó Selene.
Todas comenzamos a reírnos cómodamente. Como si fuesemos un grupo de adolescentes parloteando sobre un interesante fin de semana con el chico más guapo del colegio.
-Bien, ¿a qué se debe la visita?
-Necesitamos de tu ayuda, Sel- masculló Alex-. No logro ver a Sam y creía que podrías llegar a ayudarme.
-¿No lográs verla? ¿Su futuro no está?
Alex negó con la cabeza.
-No y no. Cada vez que intento ver algo de su futuro, saltan imagenes de alguien más que comparte ese mismo momento con ella. Por ejemplo, si quiero ver lo que le sucederá en cinco minutos no puedo, solo la veo a ella a través de ti. Pero ella es como un punto ciego en un mapa... imposible de ver.
Selene se inundó en sus peopios pensamientos, haciendo caso omiso a nuestra presencia allí. Cerró suavemente sus ojos, y nos ignoró por completo. Tanto que podríamos habernos ido y ella no se daba cuenta.
-Sam- murmuró luego de unos cuantos segundos-. ¿Puedes extender tu mano hacia mi, por favor?
Hicé lo que ella me pidió. Extendiendo mi mano derecha hacia la suya. Me tomó de la mano y luego de una pequeña fracción de segundo abrió repentinamente los ojos. Solamente que esta vez sus ojos habían cambiado de color. Era algo extraño, habían pasado del color negro intenso al color miel... era aterrador.
-Tus ojos...- murmuré pero ella me interrumpió de inmediato.
-Eso no importa- farfulló-. Alex, tampoco logro verla y mi poder para saber qué es lo que ella tiene como don tampoco funciona. Es algo que jamás he visto antes, me bloquea en todo momento.
-¿Te bloquea?- preguntó Alex.
-Si... ¿no crees que sea...?
-No, no puede ser. Eso jamás se ha visto desde la época de James y lo sabes bien Sel...
-Lo sé, pero es igual
-Sí, ya lo creo- afirmó temerosa.
-Poder tego texi tectum- pronunció en latín.
De pronto me di cuenta de que estaba en medio de una conversación que no entendía nada. Estaban hablando sobre que yo bloqueaba en algo a Selene, y luego ella pronunció unas palabras en latín...
-¡Alto!- grité-. Sinceramente me he perdido
-Es una especie de poder sin igual, o tal vez no tanto. Esta clase de poder solamente la posía James... solamente que él lograba controlarlo- me explicó Alex.
-En realidad es un poder "bloqueador". Bloquea tu mente, impidiendo que nadie pase o la destruya. Por eso no logro leerte la mente, por eso Alex no puede ver tu futuro... porque no dejás que nadie entre en tu mente.
-Aún sigo algo perdida- admití.
Ella suspiró.
-¿Cómo explicarte?- masculló frustrada-. ¿Recordás a James, no es cierto?
Yo asentí conforme escuchaba atenta.
-Bueno, él tenía tu mismo poder llamado Poder tego texi tectum, es latín por eso no conocés las palabras, que en español significa Poder Escudo- me explicó pacientemente-. Ese poder te da la garantización de que nadie, absolutamente nadie, podrá entrar en tu mente a menos que vos lo permitas.
-¿A menos que lo permita?
-Exacto. Llegué a conocer a James muy poco, pero lo poco que sabía de él era sobre este maravilloso poder con el que contaba- murmuró con voz sonora-. Me explicó que "solamente lograba expulsar de mi mente al escudo cuando podía concentrarme. Llevaba de mucho tiempo y dedicación lograr expulsar el escudo, pero cuando lograba hacerlo podía cubrir las mentes de las personas que estaban a mi al rededor. Bloqueaba las mentes de mis compañeros así nadie entraba en mi mente ni en la de mis compañeros", eso me explicó un día cuando se lo pregunté- me aseguró Selene.
-Oh genial- exclamé-. Osea que tengo un escudo protector en la cabeza.
-Algo así- murmuró Alex entre risas.
De pronto se olló que alguien tocaba la puerta de la cabaña, extremadamente fuerte. Parecía algo asustado o apurado, por la forma insistente en la que tocaba con rudeza.
Selene fue a abrir la puerta y a continuación solamente logré escuchar.
-Están peleando.
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