Cap.2- Transformación
Habian pasado dos semanas de entrenamiento duro, cuando me enojé terriblemente con Luke por la presión que me ejercía y lo enfrenté:
-¡Basta!- grité.
Él pareció ignorar mi grito y continuó explicandome un hechizo sobre cómo hacer para quitarle la vista a tu oponente o privarlo de siertos sentidos durante segundos.
-¡¿Acaso no me has escuchado?!- le grité de nuevo.
-Si- dijo con arrogancia.
-¡Estoy harta de todo esto Luke!- gruñí-. Estoy cansada todo el tiempo, el colegio es una mierda, mi madre está hecha trizas por mi falta a clases y por no estar en casa, y ya no doy más.
-Pero si apenas hemos empezado- inquirió con una sonrisa.
-¡Te odio! ¡Te odio y no quiero saber nada más contigo, ni con la magia!
Quise salir corriendo por la puerta hasta el ascensor, pero una fuerza invisible me detuvo justo delante de ella. De pronto comencé a flotar en el aire. Me sentía una marioneta a la cual controlaban. Luke estaba haciendo justo el tipo de hechizo que, semanas atrás, no lograba hacer.
-¡Alto ahí!- dijo con voz sonora-. No podés irte así no mas, ¿acaso pensás que es un juego? Acá es cuestión de vida o muerte Sam. Si Hasana te agarra desprevenida... te mata.
Cuando pronunció su nombre se me herizó la piel, y él se percató de mi expresión de susto.
-Sé cuánto te está costando las lecciones, pero...- suspiró-. Es que eres la única capaz de salvar a todos; a tu madre, a tus amigos, a Alex, e incluso a mi.
Fruncí el ceño.
-¿Ccómo sabés de Alex?- pregunté asombrada.
-Oh, no te había dicho. Él fue quién me ayudó a rastrearte. No es como nosotros no sabe nada de esto, pero logré sacarle cierta información...
-¡¿Qué tú qué..?!- chillé-.¡No te das cuenta de que pudiste haberlo expuesto, idiota!
Entonces salté encima de él. Me deshice de su torpe hechizo y le lancé una serie de palabrotas en la cara. Me importó en lo más mínimo que él fuese un vampiro, y el hecho de que pudiese matarme en ese mismo instante. Por supuesto que él se defendió perfectamente, y de pronto me tomó de la garganta enseñándome sus dientes. No pude evitar reirme cuando lo vi. Él se sorprendió de mi expresión y se acercó aun más a mi garganta.
-¡¿Acaso eres psicópata?!- chilló-. ¿No te asusto?
Negué con la cabeza aun riendome. Podía sentir su helante aliento en mi garganta, era frío y me erizaba la piel, pero eso no me importaba.
-Es que... se supone que los vampiros tienen colmillos. Y bueno... a ti te faltan.
Al siguiente segundo me tiró al piso fuertemente.
-¡Niña tonta!- exclamó-. Esas son solo estupideces de cuentos. Los vampiros no poseemos colmillos verdaderos
-Oh.
Él hizo caso omiso a mis insultos por haberme tirado tan brutalmente al suelo sin previo aviso, y se undió en sus pensamientos.
-Muy bien- dijo luego de medio segundo-. Ya que no quieres hacerme caso, seguiremos con la segunda parte... tu conversión en vampiro.
Comenzó a caminar lentamente hacia mi con una expresión macabra en su rostro. Sin pensarlo me llevé la mano hacia la garganta, justo del lado izquierdo. Yo también comencé a caminar, pero hacia atrás, intentando apartarme de él. No quería que sus sucios dientes me cortaran la garganta para extraerme la sangre.
-¡No me chuparás la sangre por la garganta!- le grité.
-No seas idiota, no te voy a morder la yugular. Solo necesito que tomes mi sangre- dijo extendiendome un pequeño frasco ovalado.
Yo fruncí el ceño.
-¿Beber tu sangre?- pregunté, sintiendome algo sorprendida.
Él hizo un leve asentimiento con la cabeza, con su mano aun extendida hacia mi. Aunque sabía que algo malo me pasaría tomé el frasco y lo destapé. Tenía un olor horrible, tanto que se me revolvió el estómago. Pude sentir cómo la sangre escapaba de mi cuerpo, y la cabeza me daba vuelta. Jamás había sido tan valiente como para soportar ver sangre, ni cuando me hacían estudios podía verla. Me aborrecía, y en ocasiones me desmayaba. Pero ahora traté de controlarme.
Me tapé la nariz con una mano y con la otra introduje el frasco en mi boca y bebí la sangre rojiza. Pude sentir cómo recorría rápidamente mi sistema digestivo, hasta llegar al estómago. Era horrible la sensación, pero aún seguía en pie tratando de controlar mi mareo.
-Bien, ahora todo lo que necesito es matarte- murmuró.
Ahora sí estaba asustada. Las piernas me temblaban y no podía controlar el castañeo leve de mis dientes. Sentía terror ante aquellos par de ojos grises que me observaban. Había tenido razón, él era un psicópata y ahora me mataría. Moriría en un sótano sombrío y oscuro.
-¡No! Por favor, no- comencé a chillar.
Corría hacia la puerta del asensor, pero fue en vano él me tómo el cuello con sus dos manos y a continuación me susurró al oído:
-Recuerda de no ir hacia la luz. Nos vemos luego.
Y entonces cerré los ojos.
No sabía dónde me hallaba, no tenía noción del tiempo. Solo sabía que estaba muerta, que un extraño me había asesinado y que ahora estaba en el cielo. Por pura cobardía no abrí los ojos, pero la suave brisa que recorría mi garganta y rostro me hizo abrir los ojos. Era algo extraño, me sentía muy extraña. Era un sentimiento doloroso y punzante el que me cruzaba por la mente. Lograba ver todo con cierta claridad, y podía escuchar los autos que cruzaban por la calle, lo que significaba que no había muerto, que eran ciertas las palabras de Luke. Supuse que ahora era una... no lograba pronunciar el nombre, pero sabía bien en lo que me había convertido porque no sentía ningún mareo. No estaba hambrienta y no sentía más ningún dolor articulatorio, solamente me ardía la garganta. Quería desgarrarme el alma, quería beber algo, deseaba sangre.
Era insoportable el dolor que sentía, aunque poco a poco comenzó a ceder sentía cómo mi garganta ardía férvilmente. Deseaba tanto un poco de sangre, tenía tanta sed que era incontrolable. Sentía que una ardiente ponzoña recorría todo mi cuerpo, hasta amoldarse poco a poco.
Luego de unos cuantos minutos, el dolor comenzó a cesar, pero la sed insoportable de sangre no se había ido. Yo sabía que necesitaría sangre para poder saciarla, pero... ¿de dónde la sacaría? ¿Acaso tendría que matar a alguien?
-Supongo que tienes sed- exclamó Luke de pronto.
Yo fijé la mirada hacia el techo y de pronto estaba él a mi lado.
-Bienvenida- exclamó con una sonrisa-. La inmortalidad te sienta de lo más bien- admitió.
-Gracias- me sorprendí de mi propia voz. Era diferente, era suave y cantora. Como si en vez de hablar entonara una dulce melodía.
Se dirigió velozmente hacia una heladera y sacó una gran botella de plástico llena de sangre.
-Sólo podrás beber una de estas por día- me advirtió-. Aunque querrás hacerlo a cada segundo, deberás a aprender a controlar tu sed.
-Bien- murmuré.
Me levanté del mullido sillón de color blanco en el cual me encontraba con un grácil movimiento y me senté.
Destapé la botella y un olor exquisito salió de la botella de plástico. Era como estar en el paraíso, como tomar agua luego de días en un horrible desierto, como ver a un hijo nacer. Era una sensación gratificante.
Me terminé la sangre en medio minuto, hasta que el ardor en mi garganta estuvo controlado solo un poco. Procuré no pensar en nada que estuviese relacionado con la sangre, no me haría para nada bien.
-Vamos a dar un paseo al parque ¿querés?- inquirió-. Te hará bien, para poder experimentar todos tus nuevos sentidos- y me guiñó un ojo.
-¿Experimentar sentidos?
-Ya verás.
Se dirigió hacia la puerta del ascensor viejo y chillón. Al llegar a la puerta de salida de su laboratorio secreto me detuvo un momento.
-Escucha- susurró-. ¿Qué oís?
Me hubiese gustado decirle que todo. Era tan fácil escuchar el golpeteo de los corazones latentes de las personas que caminaban afuera, también cómo fluía la sangre tibia por sus venas. Eso me hizo arder la garganta por lo que me concentré en otras cosas. Podía oírse las bocinas de los autos, el chirrido al frenar, los pasos apresurados cruzando la calle, las ruedas de los colectivos frenando y avanzando.
-Es increíble.
-Si, de eso es de lo que te hablaba sobre los sentidos- me explicó-. Tenemos muy desarrollados cada uno de ellos. Oímos a gran distancia todo, vemos todo con mayor claridad, somos más sensibles al tacto, y olemos todo a nuestro al rededor y mucho más- se detuvo al ver mi expresión de maravilla-. ¿Vamos?
-Por supuesto- exclamé feliz.
Cuando salimos afuera me percaté de algo, era de noche.
-¡Mierda!- chillé.
-¿Qué sucede?
-Es que ya es de noche, y mi madre se pondrá como loca si no llego- le expliqué.
Él pareció sorprendido ante mi suposición.
-No podes volver a tu casa, Sam.
Le miré aterrorizada ¿Cómo que no podría volver? ¿Acaso creía él que me quedaría a vivir en su laboratorio? Jamás podría hacerle algo así a Renee, mi pobre madre colapsaría totalmente. ¿Debía abandonarla así no más?
-¡No!- exclamé asustada-. No puedo abandonarla solo por que si, Luke. Ella es mi madre.
-Te entiendo perfectamente Sam, pero es muy peligroso para ella- yo fruncí el ceño-. Te lo explicaré. No podes volver porque, primero, hace solo unas horas te acabas de convertir en vampiro eres uno muy reciente y uno muy sediento. Segundo no es seguro para ella que los Hasaranos se enteren de quién es ella. En cualquier momento nos van a encontrar, porque son rastreadores de vampiros, y si te ven con tu madre la usarán en tu contra.
-Si, eso lo entiendo bien. Pero... no puedo.¿Qué se supone que le diga?
Él se quedó pensando hasta que me miró.
-Tendrás que decirle que te vas.
-¡Jamás!- exclamé.
-¿Acaso querés exponerla a ella también?- inquirió.
-¡Jamás!- repetí.
-Entonces hay que fingir que has muerto- replicó
Yo le miré con el ceño fruncido.
-¿Acaso estás loco? ¡No!- gruñí-. Prefiero decirle que me voy antes que dañarla haciéndole creer que he muerto.
-Creo que tenés razón- coincidió.
-Bueno, deberás acompañarme a casa primero, o no, mejor voy sola.
-No, te acompaño. Vaya a saber Dios qué puede hacer un vampiro neófito en la ciudad lleno de personas- exclamó.
Yo asentí conforme sin chistar.
Aunque el plan de Luke era bastante ingenioso y bueno, no podría creer lo que le haría pasar a mi madre. Ella estaría llorando por mi sentada durante días, por más que aun siguiera viva, no estaría jamás con ella. Seguramente dejaría de hacer todo lo que hace, y se sentiría sola. Por más de ser una mujer bastante fuerte, creo que otra pérdida más no la soportaría más. Pero prefería eso antes que hacerle creer que estaba muerta. Al menos si me iba ella podría hablar por teléfono conmigo y tendría la mayor de las esperanza de que yo volviese en algú momento a vivir nuevamente con ella; aunque no sucedería.
Eran las nueve de la noche cuando llegué a mi casa. Me di cuenta por el olor impregnante de que mi madre estaba cocinando un pollo al horno con verduras extrañas y poco sabrosas para mi. Podía oír sus pasos apresurados cuando corría de un lado al otro con el teléfono en la mano, hablando con su mejor amiga sobre la preocupación de mi ausencia. Decidí entonces que era un buen momento para entrar.
-Hola- susurré.
Me pareció ver cómo el teléfono se estrellaba contra el suelo cuando mi madre escuchó mi voz en la puerta. Corrió apresurada hacia mi con pasos ligeros y me dio un gran abrazo. Apoyó su cachete derecho cerca de mi boca, lo que me hizo reaccionar de forma poco esperada. La garganta me comenzó a arder me nuevamente, sintiendo un insoportable dolor emocional, y físico. Sentía cómo el flujo de la sangre corría por sus finas y extensas venas por todo su cuerpo, por lo cual con un apresurado movimiento me alejé de ella.
-¿Dónde te habías metido?- gritó.
Me miró con enojo y supe que me pondría un castigo, pero daba igual, en esos momentos los castigos de mi madre eran lo menos importante.
-Perdón mamá- murmuré-. No me di cuenta de la hora.
-¿Y donde te había metido?- repitió.
-En la biblioteca- mentí-. Estuve haciendo la tarea de toda la semana, y además aproveché a leer unos cuantos libros.
Mi madre no pareció convencida, y aun así me dejó ir.
-Vete a bañar que en unos cuantos minutos comeremos- me avisó.
Entonces recordé el plan de Luke. Tenía que decirle a mi madre que debía irme de viaje, muy lejos de allí, por lo que intenté improvisar lo mejor que pude.
-De hecho, debo irme mamá- murmuré por lo bajo.
-¿Qué?
-Debo irme de viaje, no puedo seguir más aquí mamá- dije con tristeza en cada una de mis palabras-. Lo siento, es solo que hoy he tenido una pelea muy fea con... Anne. Nos hemos peleado muy mal y no quiero volver a verla nunca.
Mi madre pareció colapsar en el momento en que le dije que debía irme. Era una reacción esperada, pero lo que nunca me hubiese esperado era su otra respuesta ante mis palabras.
-Bien, si crees que es lo mejor...
-Si, si, eso creo.
-... pero antes has algo por mi- continuó-. Si acaso sabes algo sobre tu padre, y quieres ir en busca de él, no lo hagas. No tenes ni idea de lo que haces, si estas pensando en hacerlo. Y por favor, cuidate.
Entonces mi madre sabía lo que mi padre era, sabía lo que había tenido que hacer para salvarnos. Y también sabía en lo que yo me podía convertir, o no.
-Oh madre- murmuré con pena-. No te preocupes por mi, estaré bien. Te llamaré en cuanto me encuentre a salvo ¿bien?
Ella asintió. No le salían las palaras, ya que, por lo que supuse, debía tener tantas cosas para decirme que no le salía ni una sola palabra. Además sus lágrimas corrían por su rostro muy rápidamente.
-Me voy a preparar.
Entré a mi habitación corriendo a paso humano, lo más controlada que pude para no llamar la atención de Renee. Tomé un pequeño bolso del armario y comencé a meter toda la ropa que pude, nada me haría más falta que la ropa. Estaba muy concentrada pensando en qué era lo que sabía mi madre que, para mi sorpresa, me sobresalté cuando vi que Luke estaba entrando por la ventana de mi habitación.
-¿Qué haces?- chillé.
-He venido a ayudarte.
Pero no fue de mucha ayuda, yo estaba concentrada en mis cosas. No tenía tiempo para ponerme a hablar con Luke. Estaba por salir por la puerta de mi habitación cuando me acordé de Anne. No podía dejarla así no más, no a mi mejor amiga. Además mi madre seguramente le llamaría para preguntarle por qué nos habiamos peleado tan mal. Entonces tomé el teléfono y marqué su número velozmente.
-Hola- sonó una voz gruesa. Era su padre.
-Buenas noches señor Scarlet, ¿está Anne?
-Oh, hola Sam enseguida te paso.
-Gracias- murmuré.
Esperé los diez segundos que le llevó a su padre dejarle el teléfono impacientemente.
-¿Sam?- habló Anne.
-¡Anne! Oh Anne, perdón que te moleste pero necesito un gran favor.
Cerré la puerta de mi habitación y me senté en la ventana, cosa de que mi madre no pudiera oír.
-Me voy de viaje- comencé-, me voy muy lejos. Y... yo le he mentido a mi madre sobre el motivo. Le he dicho que nos habíamos peleado y que no deseaba verte nunca más, pero no es cierto. Necesito que por favor si Renee llegara a llamarte que le digas que es cierto, métele cualquier excusa.
Pude escuchar cómo su respiración se agitaba a cada segundo.
-Esta bien- murmuró al fin-. Pero luego tendrás que contarme por qué te has ido ¿bien?
-Por supuesto. Gracias Anne, te quiero. Adiós.
Colgué el teléfono antes de que ella pudiera formular alguna de sus típicas preguntas, como por ejemplo ¿con quién me iría?.
-Listo, ¿vamos?- le dije a Luke.
-Claro, te esperaré abajo. No te tardes mucho.
Le sonreí amable.
Salí por la puerta de mi habitación lentamente, como si no estuviera tan preocupada en irme. Abrazé a Renee y me dirigí hacia la puerta de salida. El asensor iba demasiado lento para alguien como yo, por lo que bajé las escaleras en dos segundos. Allí me esperaba ansioso Luke.
-¿Vamos a mi laboratorio o preferís...?
-No, vamos.
Odiaba tener que hacerle daño a mi madre. Tanto tiempo ella había luchado por mi seguridad, por mi salud y educación y ahora se echaría a perder todo.
Ya todo estaba perdido, era imposible que yo le pudiese ganar a una vampira bruja de mil años, no era lógico. Sabía que estaría lista en unos cuantos días, pero eso no bastaría. Hasana tenía décadas y décadas de práctica. Según lo que Luke me había contado, era la mejor peleadora de su líneas de combate. Siempre que había una batalla, ella era el frente, y siempre ganaban por su causa. Eso me hacía sentir demasiado inferior, incluso algo tonta. Era obvio que ella era mucho mejor que yo, jamás lograría vencerle al menos no fácilmente. Aunque Luke me ayudase con algo, ¿contaría ella con aun más poder que nosotros dos juntos? Yo esperaba que no. No iba a ser bueno que fuese mejor que nosotros.
Luego de unos segundos de correr llegamos a su laboratorio, no estaba cansada pero sí sentía una fuerte jakeca. Por lo que me recosté sobre el sofá blanco, dejándome inundar por un abrumador cansancio, a pesar de que no podía dormirme cerré los ojos. Solo para concentrarme un momento, fue entonces cuando alguien tocó la puerta de la habitación
Cuando abrí los ojos me di cuenta de que era Luke, él entró con un grácil movimiento y se quedó parado frente a la puerta.
-Hum, ¿sabes que no podemos dormir no?- preguntó con ironía.
-Pues claro- le contesté-. Es solo que necesitaba desconectarme solo un momento de mis pensamientos.
-Oh.
Yo me senté sobre la cama, en cambio Luke se quedó en su lugar.
-¿A qué has venido?
-¿Yo? Ah si, creí que necesitarías ir de caza.
-¿A cazar?- pregunté desconcertada.
-Y si... debes alimentarte. Además, eso te ayudará para mantenerte un poco más fuerte.
-Genial- mascullé-. ¿A dónde vamos?
-¿A donde querés ir?
Lo pensé durante una fracción de segundos. Aunque no estaba demasiado segura sobre qué pensar, ya que no tenía mucha idea de dónde se podía cazar humanos con mayor facilidad.
-No lo sé. ¿Dónde está la mejor sangre humana?- bromee.
-¿Sangre humana? Oh no, Sam. No volverás a probar sangre humana nunca- repetí sus palabras cinco veces en mi mente, no lo podía creer-. Te alimentarás solo de sangre animal.
Agh que asco, pensé. Sangre animal. No había nada peor que la sangre animal, cuando corrí camino a mi casa había olido a un perro que estaba en la calle, y su olor no era nada comparado con el olor humano. Tenía un olor asqueroso y aborrecible. No me gustaba ni en lo más mínimo.
-¡¿Sangre animal?!- chillé-. ¡Ni en broma!
-Entonces tendrás que morir de hambre, porque ni de loco te vuelvo a dar sangre humana, es peligroso.
-Claro que no- me quejé-. Me cesa la sed, y además es exquisita.
-Por eso mismo, no puedo dejar que te hagas afín a la sangre humana, Sam. Mi familia, incluido yo, no somos como los vampiros que salen en las telenovelas, no bebemos sangre humana ya que les tenemos cierto respeto.
-Que estupidez- mascullé entre dientes.
-Olvidalo, sos inmadura, jamás entenderías.
La tercer palabra que pronunció me provocó una ira incontrolable. Inmadura habia dicho él, ¿cómo se había atrevido? él sabía muy bien que en cuestión de un solo segundo podía desgarrar le la garganta. Aun así traté de controlarme y no lo hice. Dejé que mi mente vacilara, hasta que logré calmar solo un poco mi furia.
-Esta bien, cuéntame- accedí.
-Bien, pero escucha bien porque no lo repito- murmuró-. En mi mundo existen dos clases de vampiros, los bebedores de sangre humana, y los bebedores de sangre animal. Mi familia y yo somos afines a la sangre animal hace unos cinco siglos, en cambio la gente como Hasana es diferente, ellos prefieren beber sangre humana, lo que los mantiene aun más fuertes. Esa es otra de las razones por las cuales ella nos dejó, no comprendía cómo hacíamos para beber sangre animal. Por suerte a mi la sangre humana ya no me tienta tanto como lo era en los primeros dos siglos de mi vida. Luego descubrimos otra forma de vida que nos hacía bien y con la cual podíamos vivir. Por eso es que no bebemos sangre, le tenemos cierto respeto a la vida humana.
-Genial- repetí-. ¿Así que tendré que beber sangre de un gato?
Él comenzó a reírse como si hubiese contado un chiste bastante bueno.
-Eso no te dejaría satisfecha ni aunque mataras a quinientos gatos- murmuró entre pequeñas risas-. Lo que generalmente yo bebo es sangre de puma, o de osos.
-¿Sangre de puma? ¡Fantástico!
-Muy bien, ¿Querés ir a cazar unos cuantos pumas u osos conmigo, Sam?
-Por supuesto.
Y entonces saltamos por la ventana hacia la oscura calle.
No era tan complicado como yo creía. El suelo pareció moverse en mi dirección en tan solo dos segundos. Era como ordenar le al suelo que se acercase a mi, algo tonto y loco pero eso me pareció a mi. En cuanto rocé el suelo Luke comenzó a correr velozmente, pero eso no era un problema para mi ya que yo también podía correr a su misma velocidad, o incluso a una velocidad mucho mayor. Eso no importaba, ahora tenía que concentrarme en la caza. Era lo más importante, y lo único en lo que debía pensar.
-¿Dónde querés cazar?- preguntó de pronto-. ¿Cerca o nos mudamos de continente?
No hacia falta pensarlo, ya sabía dónde.
-Cerca. Tengo demasiada sed- admití.
Él asintió a mi contestación, y comenzó a correr aun más rápido. En unos cuantos minutos estuvimos cerca de un bosque lleno de vegetación vieja, y enorme. Había muchos árboles de años e incluso décadas anteriores, eran tan enormes que parecían tocar el cielo. Luke trepó a uno sin dificultad alguna comenzando a subir ágilmente sobre él. Llegó hasta la copa, donde me hizo una seña para que yo hiciera lo mismo. Al principio tuve que pensarlo bien, pero luego fue algo tan instintivo que no me di cuenta que lo había logrado hasta que estuve al lado de Luke.
-Perfecto- murmuró con una sonrisa de oreja a oreja. Parecía que le hacia mucha gracia mi torpe forma de subir a un árbol.
A continuación, comenzó a saltar de árbol en árbol, y yo le seguí. Era emocionante sentir la dulce brisa rozándome la piel, aunque no me helaba. Pero sí era una sensación de satisfacción. Como cuando un perro saca la cabeza por la ventana del auto, sabedor de el éxtasis que le causa. Algo parecido me hacia sentir los saltos en los troncos finos de los árboles.
De pronto comencé a sentir la brisa sabrosa del aire. Tenía un aroma muy singular, que por supuesto jamás había olido. Era extraordinariamente rico, y sabía muy bien. Sabía que era el olor de la sangre de algún animal, porque no era tan apetitoso como el olor a sangre humana, pero sí era sabroso. Luke detuvo su corrida y se volteó para ver mi expresión ante el olor.
-¿Hueles?- me preguntó.
Estaba tan concentrada en el olor que no le respondí, solamente asentí.
-Son pumas- me informó-. No huelen tan bien como los humanos, pero al menos te mantendrá fuerte.
Al terminar la palabra bajó del árbol rápidamente y comenzó a correr en dirección al olor de la sangre del puma. Sin pensarlo comencé a hacer lo mismo, y lo seguí.
Sin embargo había algo que no sabía ¿cómo debería hacerlo una vez que tuviese el puma enfrente?. ¿Debía matarlo así no más o debería esperar? Y qué si no lograba matarlo, ¿cómo haría para beber su sangre? ¿Era como en las películas de Drácula que lo hacían desde el cuello? Luke jamás me había dicho cómo debería hacerlo, por lo que me enfadé algo con él. Pero antes de que pudiera empezar a lanzarle un montón de blasfemias me gritó:
-No te preocupes, es instintivo, como trepar un árbol.
Era como si hubiese logrado leerme la mente, aunque sabía que no era así. Seguramente había visto mi expresión de preocupación.
Cuando estuvimos lo suficientemente cerca como para que yo me diera cuenta de que el puma estaba a tan solo unos diez metros de mí, decidí concentrarme. Cerré los ojos y me centré en el olor, eso me hizo arder demasiado la garganta. Llevaba horas sin beber nada. Entonces el olor y el ardor de la garganta me inundó hasta que por fin logré ver al puma. Comencé a correr como si me hubiesen empujado de la espalda con gran expoliación. Al verme el puma comenzó a correr en dirección norte a donde se encontraba, aunque fue en vano luego de unos metros lo alcancé y le hinqué los dientes en su garganta.
El puma cayó al suelo en segundos y yo comencé a beber su sangre. Era algo tan exquisito, era como probar la comida luego de semanas sin comer nada. Se sentía tan aliviador, me sentía mejor luego de unos cuantos segundos aunque la sed no había cesado nada, solo un poco. Cuando terminé de beberlo me di cuenta de que Luke estaba a solo metros mío y que me estaba contemplado hacía minutos, se estaba riendo de mi. Entonces fue allí cuando me di cuenta de que estaba llena de sangre; tenía toda la camisa llena de sangre y unas pequeñas gotas en mis jeans.
-Qué bonito- exclamó con sarcasmo.
Bajé la mirada, y si hubiese podido me habría sonrojado tanto que habría parecido que estaba en llamas. Qué verguenza, pensé. Él no se había manchado ni si quiera en su camisa blanca, solamente tenía unas cuantas gotas sobre su pantalon negro, que apenas eran visibles.
-Quiero más- exigí.
Él abrió los ojos como platos y luego comenzó a correr en dirección sur.
-¿A dónde me llevas?- le pregunté.
-Alces- fue lo único que contestó.
Me di cuenta de que cerca de unas montañas, al sur de aquel bosque, había una manada de alces y tal vez unos cuantos pumas en el camino.
Comencé a rastrear el olor instintivamente, sin pensarlo. Era como si tuviesde una cuerda invisible atada en la cintura, que alguien que estaba cerca del olor a la sangre tirara de ella. Como un imán que me arrastrara hasta allí. Era increíble cómo era una necesidad extrema el beber sangre. Obviamente, era una... vampira ahora. Tenía que beberla o morir.
Sin dejar de pensar en todos los pos y los contras que llevaba la vida vampírica, comencé a correr a toda velocidad hasta que estuve a solo metros de donde Luke estaba cazando.
Esta vez él no podia verme porque estaba concentrado con su propia presa, asi que era una ventaja a mi favor. Visualicé al alce más gordo y enorme; lo seguí unos metros hasta que por fin le mordí el cuello y éste quedó tendido en el suelo frío. Saboree el dulce sabor de la sangre animal, me sentía perfectamente y no había nada que me importase nada en ese momento. Como si el mundo fuese aquella dulce sangre y yo; nadie más.
Cuando el alce estaba totalmente seco, sin más sangre en su organismo, lo dejé en el suelo. Luke había terminado con los dos alces que había matado hacía instantes, y ahora me observaba nuevamente con detenimiento. Esta vez no sentí verguenza alguna, era algo natural que al principio fuese un asco pero era así. Necesitaria décadas de aprendizaje para poder controlarme un poco más y beber sangre sin hacer un desastre en mi ropa.
-¿Volvemos o...?
-Estoy bien, creo que he saciado la sed por un buen rato- admití.
Él asintió y comenzó a correr otra vez. Estaba vez corríamos más fuerte, con mayor velocidad ya que nos habíamos alimentado extremadamente bien. Ya no sentía tanto ardor en la garganta, lo que era un alivio para mí. Ese ardor incontrolable era algo molesto, de lo cual no podía huir, eso era lo peor.
Pasamos tres días practicando muchos hechizos, aunque ninguno me salía lo suficientemente bien como para poder tumbar a alguien con él. También Luke me llevó a cazar osos pardos y algunos pumas. Cada vez me acostumbraba más a cazar, aunque sin dudas no era igual que beber sangre humana.
Por suerte, no se me apetecía la sangre humana hacía semanas. Había logrado controlarme mucho desde mi última caza, y también había logrado no mancharme la ropa con sangre, al menos no tanto.
-Bien, ahora intentaremos un hechizo bastante útil- comenzó Luke-. Es el hechizo privatizador.
-¿Privatizador? ¿de qué?
-Privatizador de sentidos.
Yo alcé las cejas, y puse ojos como platos.
-¡Excelente! Eso significa que si lo logro hacer, puedo dejarte incapacitado ¿no es cierto?
Él asintió conforme pasaban los minutos y me explicaba cómo debía hacerlo.
Al principio no me salió, lo único que logré fue nublarle la vista durante dos segundos. Eso no era nada comparado a cómo él lo había hecho conmigo. Me mostró cómo era, y fue genial. Al principio.
Cerró sus ojos y puso la mente en otro lugar. Estaba muy concentrado e inmóvil, no movía un solo músculo. Primero no sentía más que una simple nebulosa en mi vista, pero luego me encontraba en un cuarto oscuro. Era una sensación insoportable, y desesperante. No lograba ver nada, no oía nada, no podía sentir nada y no saboreaba nada. Era algo incómodo, que no me gustó nada. Estaba totalmente privada de mis sentidos; era insoportable. Comencé a correr en una dirección que no sabía, ya que solo contaba con mi mente como guía. Corrí unos segundos, hasta que me choqué la cabeza contra un gran muro, eso me dejó atónita y caí al suelo.
Me desesperé tanto que comencé a gritar, aunque no oía mis gritos, eso me enfureció aún más. ¡Basta, basta!, gritaba. ¡Devuélveme los sentidos idiota!, volvía a gritar. Hasta que por fin logré ver, escuchar, sentir y saborear nuevamente. Suspiré alividada y comencé a buscar la mirada de Luke. Estaba sentado sobre la mesa de madera, observando cómo me había retorcido en el piso.
-Gracias- mascullé-. No tenés idea de lo horrible que me sentía.
-Te equivocás- murmuró-. Yo sí sé lo que se siente.
-Oh.
Entonces podía saber cómo me había sentido esos momentos de mi vida, fueron los peores minutos en toda mi vida. Era una sensación de lo más extraña, y también de lo más desesperante. No poder ver nada, u oir el sonido de los pájaros.
Por la noche, Luke salió al centro. Dijo que necesitaba comprar algunas cosas para remodelar la casa, necesitaba unas cuantas herramientas del supermercado y algunas maderas. Aunque me ofrecí a ayudarlo, dijo que prefería ir solo, que debía quedarme a cuidar el laboratorio por las dudas.
Decidí ayudar a la limpieza del lugar, y tomé un par de escobas y un trapeador. Con un leve movimiento de las manos empleé el hechizo que me había enseñado Luke para mover objetos. De pronto las escobas comenzaron a danzar de un lado al otro limpiando toda la tierra que había. Por mi parte, usé el trapeador para limpiar el baño y la cocina. Era una tarea fácil, ya que ahora era mucho más ágil en todo, nada me costaba. Y logré limpiar el lugar en tres minutos. Cuando terminé de limpiar todo me rescosté sobre el sofá que estaba en el comedor.
Cerré los ojos, por más de saber que no lograría dormirme sabía que al menos podía descansar la cabeza o descansar un poco el cuerpo. Aunque no me dolía. Dejé que mi mente se undiera en un profundo relajamiento, pero no logré consiliarlo ya que escuché un sonido que antes no había oído.
Afuera escuchaba el sonido del viento, los autos apurados que coruzaban las calles y un sonido extraño. Escuchaba como si alguien estuviera entrando muy sigilosamente por la ventana; no me asusté pero sí decidí quedarme inmóvil para ver si era mi imaginación o si en verdad había alguien. Esperé unos segundos hasta que no oí nada más. Pero de pronto sentí una fuerte ráfaga de viento entrando por la venta de la cocina. Me puse de pie y comencé a caminar en dirección a la ventana. Si hubiese podido, seguramente, el corazón me habría latido a más no poder.
Luke me había enseñado algunas lecciones para poder luchar contra un vampiro. Me había dicho que primero debes saltar encima de él, luego tomarle la garganta y finalmente desgarrársela. Por suerte había logrado practicar unas veces sobre cómo saltarle encima, pero no me ayudaría en caso de que fuese un vampiro mucho más experto que yo. Lograría matame en cuestión de segundos. Fue entonces cuando oí unos ligeros pasos detrás mío. Me preparé para saltar, me voltee y entonces le salté encima.
-Hola- susurró una voz cantora y gruesa.
Cuando le ví el rostro no podía creer quién era. Yo lo conocía de algún lugar, o quizas de alguna foto. Pero era cierto, era el muchacho del cual Luke me había hablado hacía solo dos días.
*__________* Decime que es Alex y muero de la locura jaja, no me digas que ahora es vampiro? *___* wuajajajaj :B deoos, al principio pensé que era hasana y casi muero D: Dije noo! OMG! Pero pero.. jaja el chico del cual tan solo le habló hace dos días es ... Alex, cieto? cierto? ajajaja :B Lo siento, me emosiono mucho, me encanta ut novela :B ♥ Ah por cierto soy Maián, del flog http://www.fotolog.com/myjackrathbone lo de Zefra es solo un seudónimo :D ♥
ResponderEliminaraaaaaaaaaaaaaaaa decime quien es, por Diooos!!!
ResponderEliminaraaaa me muero por saber. Quiero el tercer capitulo yaaa!!! gracias por haberte pasado por mi log, soy Carla del flog http://www.fotolog.com/twilight_w0rld besotes!!