Cap. 5 - Exceso de alegría.
Estabamos sentados todavía sobre aquellos duros escalones grises mientras que seguíamos hablando. No nos cansabamos jamás, y siempre él tenía algo que decirme o contarme y yo con gusto le escuchaba muy atenta.
Su perfecta voz sonora y cálida, me facinaba demasiado. Era música para mis oídos. Una suave, dulce, música que adoraba escuchar en todo minuto. Escuchaba cada una de sus palabras atentamente, me hacía sentir relajada y pacíficamente tranquila. Me sentía muy segura a su lado, algo difícil de creer ya que al principio de todo Luke no me agradaba para nada. Era cierto, no me agradaba para nada su arrogancia ante mi. Era solo cuestión de conocerlo mejor.
-Que bueno- murmuré.
-¿Qué?- volvió en si.
-Que bueno que nos llegamos a conocer mejor- afirmé-. Es que... yo antes... yo no te soportaba.
Esbocé una pícara sonrisa y él me miró.
-¡Vaya!- exclamó-. Si, que bueno.
Su dulce mirada se clavaba en la mía con una intensidad imparable. Llegaba a creer que en cualquier momento perdería la vista o algo parecido. Su mirada me tenía atrapada igual que todo lo existente en él.
-Siento mucho que hayas creído que era insoportable o algo así, es que... como no te conocía creí que eras una niña mocosa y malcriada- admitió.
-En realidad creía que te comportabas de forma muy arrogante conmigo, eso me molestaba mucho.
Él mostró una dulce sonrisa con la mirada baja.
-Perdoname- susurró.
Aquella dulce palabra de arrepentimiento profundo me hizo creer que había empezado a hiperventilar. Él me sacaba el aire, era algo asfixiante lo que sentía. Hacía que las piernas me llegarana a temblar, o solamente era algo psicológico porque obviamente ahora yo era un pedaso de roca, era una piedra inmóvil.
Se aproximó un poco hacia mi y posó su manos suavemente sobre mi gélido rostro mientras que yo le miraba intensamente. Dejandome llevar por un profundo sentimiento abrumador de alegría extrema. La luz que descendía sobre su rostro hacía una sombra en los hoyos de sus mejillas.
Luke era una persona sin igual. Tenía el rostro alargado, parecía tallado por escultores antiguos; con esos hermosos ojos grises que me observaban en todo momento. Su perfecta nariz fina y pequeña con holluelos diminutos. Era delgado, musculoso y con unas perfectas piernas alargadas. Era el hombre perfecto, con su característica personalidad. No era como otros muchachos, era una persona amable, bastante pacifico aunque, en ocasiones, algo negativo. A veces me demostraba por su forma de andar que era muy liberal, independiente, como si no dependiera de nadie. Pero lo que más me gustaba de el, o no tanto, es que era egoista, no era para nada huraño, todo lo contrario era muy cordial. También era muy extrovertido, ya que cuando debía decir las cosas iba lo decía, no se molestaba en dar muchas vueltas para decir lo que pensaba.
Me facina la forma en que me miraba con esos enormes ojos grises, tan bellos que tenía. Me sentía feliz, y algo tonta cuando me perdía en su mirar.
Sucedió algo que jamás me hubiera esperado, y mucho menos en él. Se aproximó cada vez más hacia mi, tenía su mano aún sobre mi rostro; sosteniéndolo tiernamente. Sus labios tensos, delgados y descoloridos se curvaron en una divertida sonrisa. Acercó su rostro al mío y posó dulcemente su labio inferior sobre mis labios firmes. Y luego estrechó, con aún más ternura y fuerza, sus labios carnosos sobre los míos. Le devolví el beso en forma cordial, o más bien tratando de que no se diera cuenta de que jamás había besado a ningún muchacho antes. Era cierto, era inexperta en besos. Por suerte no lo notó. Me rodeó la cintura con sus brazos mientras yo enlazaba los míos a su cuello. Disfruté de aquel aroma que tu cuerpo me otorgaba y las cosquillas que me recorrian completo cuando tus manos me acariciaban. ¿Y que mas podia pedir en aquel momento si no tu compañia? El calor de tu abrazo y la eternidad de tu saliva, la absoluta comprensión de un sentimiento que se comparte.
Levemente se deslizó lejos de mi, observandome con unos hermosos ojos soñadores. Mientras aún me sostenía tiernamente con sus ágiles manos con dedos finos, como los de un pianista.
-Te quiero- susurré al fin.
Las palabras salieron disparadas de mi boca, sin poder contenerlas.
-¿Me crees si te digo que, a pesar de todo lo que te estoy haciendo pasar, también te quiero?
-Claro que te creo- musité.
-Gracias
Nos quedamos allí sentados a la ténue luz del sol, dejándonos llevar por un llevador sentimiento optimista. Estabamos demasiado bien como para ir a algú otro lugar. Él me sostenía con su brazo derecho anudado a mi cintura, y su brazo izquierdo tomaba dulcemente mi mano izquierda.
-No te sientas avergonzada por lo que pasó- articuló con los labios tensos.
-Para nada, no me averguenzo de nada- confesé.
Él enseñó una fina sonrisa pícara.
-Tengo una duda- comencé-. ¿Cómo... qué... qué debo hacer para poder liderarlos bien?
Comenzó a reírse de forma alocada y luego me miró.
-No temas, no es nada de otro mundo Sam- me aseguró conforme me miraba-. Es... ¿alguna vez tuviste un perro?
Yo le miré con ojos grandess.
-¿Un perro? bueno, pues, sí.
-Es como llevar a pasear un perro- yo comencé a reirme exageradamente-. Sí, parece gracioso pero es así. Es como llevar a pasear a tu perro. Tenés que decirle a dónde ir, qué tiene que hacer, y lo que no, y finalmente vigilarlo en todo momento.
Le miré algo atontada y sensata. Al parecer la extraña comparación que me había dicho era cierta después de todo. Era como manejar a un perro, algo sencillo para mi ya que de pequeña había tenido unos dos o tres perros. Todos uno más loco que el otro.
-¡Ja ja!- me reí-. Creo que tenés razón.
-Te lo dije.
Me acarició dulcemente la mejilla y luego volvió a tomar mi mano.
-Yo confío en vos Sam, al igual que todo Pixcool sino no te hubiesemos elegido como líder en la batalla. Además, no vas a estar sola, tendrás toda nuestra ayuda.
-Gracias.
Besó con dulzura mi mejilla. Podría haber dicho que en ese momento me temblaban las piernas si no fuese por que no era cierto, y lo sabía. Pero era algo más que nada, psicológico. Sabía cómo se sentía una chica cuando un muchacho la besaba, lo había visto en películas y algunas compañeras o conocidas del colegio me habían contado sus experiencias. Por eso mismo, yo pensaba que me pasaba lo mismo. Solamente lo pensaba.
Nos pasamos toda la tarde imaginando cómo sería cuando fuese el turno mío de comenzar a liderar al grupo de vampiros. Luke me había dado unas cuantas frases para citar la próxima vez que me tocara estar en una fogata y tuviese que decirles algo alentador o simplemente decirles qué era lo que ibamos a hacer en el momento de la batalla. Era de mucha ayuda tenerlo a mi lado, y mucho más cuando me era imposible alejarme de su presencia aunque fuese por unos segundos, aunque tuve que hacerlo cuando por la noche Alex volvió a la cabaña y nos vio allí sentados sobre los escalones.
Me despedí de Luke con un tierno beso en la mejilla y luego entré adentro de la cabaña acompañada de Alex.
-Linda tarde ¿no?- exclamó.
Yo le miré asombrada sin saber qué decirle.
-Si, una muy buena- admití con una sonsira pícara-. ¿Qué has hecho?
Ella se encogió de hombros.
-Estuve hablando con Hindi- aseguró-. Sam, debo decirte algo...
Esperé.
-Esta tarde... ¿esta tarde te ha besado Luke no es cierto?
Abrí los ojos como dos enormes platos y me quedé mirandola. ¿Cómo lo sabía? ¿Acaso nos había estado espiando toda la tarde o es que ella estaba enamorada, al igual que yo, de Luke? Era imposible saber lo que había hecho esa misma tarde. Habíamos estado solos, eso pensaba yo...
-Si, pero... ¿cómo rayos lo sabes?
-Veo el futuro- dijo sin rodeos.
La miré algo asombrada, pero no mucho.
-Vaya- exclamé.
-No soy como vos, como Luke o como Hindi... no soy un vampiro brujo- admitió con cierta amargura-. Solamente poseo de un don insignificante, puedo ver el futuro de todas aquellas personas que se ven involucradas conmigo.
-¿Involucradas?
-Exacto. Con todas las personas que me conocen, o que son algo importante para mí. Por ejemplo, puedo ver tú futuro, el de Luke y el de todos aquí en Pixcool. Pero no puedo ver el de los Hasaranos...- bajó la cabeza y se la tomó entre las manos-. Mi don es defectuoso.
Bajó la cabeza en forma avergonzada.
-Estuve toda la tarde con Hindi porque... disculpa por lo que diré pero... estuvimos viendo tu futuro Sam- admitió con cierta verguenza-. Hindi quería saber cómo resultaría todo en la batalla pero me fue imposible ver algo, ya que los Hasaranos están involucrados en ese futuro y por eso no logro ver nada porque no los conozco.
-¿Pero... no me has podido ver a mí ni siquiera?- pregunté asustada.
-No, Sam.
-Pero entonces no es por culpa de los Hasaranos, soy yo- chillé entre jadeos-. Yo soy la defectuosa... a mi no me podés ver.
Comencé a ponerme frenética aunque no sabía porqué. Sí sabía que algo malo me ocurría a mi, algo por lo cual Alex no podía verme. Algo malo pasaba dentro mío, no era ella sino yo.
Yo había comenzado a maldecirme a mí misma por ser la extraña en el asunto.
-¡Shhh! Tranquilizáte Sam, vos nos sos la rara ni la defectuosa simplemente hay un problema que no sabemos cuál es, por el cual no logro ver tu futuro- trató de tranquilizarme con dulces abrazos pero no lo logró-. Lo que vi del beso tuyo con Luke era el futuro de él, no el tuyo. Me llamó muchisimo la atención, ya que yo estaba mirando tu futuro y de pronto saltó esa imagen de ustedes dos. No sé por qué no apreció en tu futuro...
-¡Ahí tenés!- grité-. Aceptalo Alex, yo soy la rara en esto.
-Tal vez, pero tenemos que avriguar qué es lo que sucede dentro de tu cabeza, porque todo lo que yo hago es simplemente mental... nada más.
Nos quedamos en silencio durante una fracción de segundo mientras trataba de poner todas las piezas en su lugar. No entendía qué era lo que sucedía conmigo, la pregunta que se formulaba dentro de mi mente no tenía respuesta o al menos no la tenía yo.
-¡Ya sé con quién podemos contactar! Nos ayudará mucho- gritó.
Me tomó de la mano y salimos por la puerta trasera de la cabaña.
No hay comentarios:
Publicar un comentario